Proyectos en Progreso: el costo ambiental y social que esconde la expansión del puerto

Proyectos en Progreso: el costo ambiental y social que esconde la expansión del puerto

Publicado 8 octubre, 2026

La expansión del muelle fiscal, el viaducto elevado y la conexión con el Tren Maya de carga avanzan sin consultas a la población. Los trabajos de dragado provocaron la erosión acelerada de las playas y el desplazamiento de especies marinas. Esto afecta el sustento de las familias pesqueras locales. Además, la presión del turismo masivo encareció la vivienda y satura los servicios básicos de agua y electricidad. Todo ocurre sin que se conozcan los estudios de impacto ambiental y se evalúen las consecuencias.

Desde 2023, Progreso atraviesa una instancia de transformación que se despliega sin tomar en cuenta necesidades básicas de la comunidad, al margen de la historia del pueblo y su tradición pesquera, y enfocada en transformar al sitio en uno de los epicentros del comercio a gran escala y conexión con los megaproyectos del sur sureste de México.

Desde el plan de hacer de la zona una base para el arribo de cruceros y buques de gran porte hasta la interconexión del muelle local con el Tren Maya de carga, pasando por las proyecciones para instalar en la misma área un astillero e incrementar los desarrollos inmobiliarios y el comercio masivo, Progreso es presa de una estrategia que, promovida desde los estamentos gubernamentales más altos, pasa por encima de la voluntad de la población y sólo respeta una agenda alineada con el extractivismo exacerbado que hoy prolifera en la península de Yucatán.

En línea con lo anterior, Progreso alberga hoy un puerto de altura que, conocido también como el “muelle fiscal”, presenta como principal característica publicitaria haber sido reconocido como Récord Guiness por tratarse, precisamente, del “muelle más largo del mundo” a partir de su extensión de más de 8 kilómetros. Pero logros como ese ¿benefician a quienes viven en el puerto? La respuesta simple es no.

La promoción del muelle de Progreso como “el más largo del mundo” oculta los impactos negativos que su operación provoca en la comunidad y la naturaleza. Foto: Patricio Eleisegui.

El muelle que viene acabando con la pesca

La voz de los habitantes de la comunidad permite comprender mejor la situación actual del puerto mientras ese mismo muelle atraviesa una instancia de ampliación.

Francisco es un pescador jubilado, dejó el mar como su oficio hace apenas dos años. Tiró sus redes por más de tres décadas para llevar el alimento a sus 7 hijos. No lo hizo solo: su esposa, Alejandra, siempre estuvo involucrada.

En los años 90, cuando comenzó su trabajo en la pesca, Francisco y Alejandra apenas caminaban unos pasos para llegar al mar. Con el paso del tiempo, comenzaron las obras en el puerto, incluídos los proyectos inmobiliarios. Además de modificar la forma en que la pareja hacía su recorrido desde su hogar hasta playa, también generó una disminución en la cantidad de peces, que antes incluso se encontraban muy cerca de la orilla.

“En mi época, cuando me iba a pescar, en la orilla encontrabas de todo. Yo me iba a las 11 de la noche y cuando bajaba, a las 6 que estaba saliendo el sol, traía de todo”, contó Francisco a Jaltun. De todo lo que fuera de temporada, por supuesto. Alejandra señala que hoy la pesca es difícil porque salir a hacer el trabajo cuesta más y lo que logran pescar no permite recuperar lo invertido en el viaje.

El impacto de uno de los proyectos más recientes promovidos en Progreso también se hace evidente desde el hogar de la pareja. El viaducto elevado, una iniciativa complementaria del puerto de altura, cruza por encima de su casa. Ahora ya no ven el cielo desde su entrada, sólo el concreto.

Vista del viaducto elevado desde la casa de Alejandra y Francisco. Foto: Cecilia Abreu.
El viaducto elevado conecta con el puerto de altura. Foto: Cecilia Abreu.

Como ironía, Francisco comenta que ojalá el viaducto les sirva como barrera si llega un huracán, porque los manglares que se encontraban en la entrada del puerto ya fueron removidos y el área resultó rellenada. “Se va a inundar Progreso, por supuesto”, anticipó.

“En otro sentido, no sé a qué se debe, pero en esta calle solo caen unas gotas de agua y se inunda”, agregó Francisco, apuntando hacia la calle que atraviesa frente a su casa. Aseguró que eso no pasaba antes de que el viaducto les cruzara encima. Ahora el agua, dice, “amenaza con meterse”.

Ahora su cielo es de concreto, su camino hacia el mar se hizo más largo y, además, Francisco prevé que la ampliación del puerto de altura tendrá un impacto negativo en quien le permitió alimentar a su familia: el mar. Desde su experiencia, advierte que los peces se alejarán aún más.

“No necesitas ser astronauta para entender que si tú rellenas acá, vas a ocasionar que haya un cambio… ¿Qué es lo que hizo eso? Que aquí ya no hay playa”, dice el entrevistado, mientras señala hacia una zona donde se ha perdido la arena de la costa.

Las afectaciones son aún más graves. Recientemente, los pescadores de Progreso identificaron un derrame de hidrocarburos provocado por una embarcación, lo que terminó de alejar a las especies de las que depende su sustento.

“A la larga, (se sabe) que van a venir muchas industrias, compañías; que van a poner un astillero… No va a aguantar la pesca”, pronosticó Francisco. El poblador de Progreso sostuvo que fue testigo de cómo se acabó el camarón en Ciudad del Carmen cuando Petróleos Mexicanos (Pemex) se asentó en esa ciudad. Afirma que lo mismo está ocurriendo ahora en Progreso.

Francisco recordó otros tiempos: “Aquí cerca íbamos y traíamos el sustento al día y ganabas, había dinero. Actualmente no lo hay, sales y agarras una cosita apenas y para la frita como le dicen”. La cercanía de las especies con alto valor comercial era tal que el entrevistado afirmó que no necesiba trasladarse en una lancha con motor. Sólo se desplazaba con remos.

Una lancha regresa al puerto de la comunidad de Progreso. Foto: Cecilia Abreu.

Alejandra dice que la situación es preocupante porque antes la gente estaba acostumbrada a comer pescado, y ahora no hay para consumirlo y mucho menos para venderlo.

A Francisco además le da mucha tristeza ver que los restaurantes que ahora se encuentran en el puerto, principalmente en el malecón, son de personas de todas partes del mundo, menos del lugar que los recibe.

El alza de los costos de vida son otra situación que enfrentan a raíz de esos proyectos, esto lo ve la pareja, pero también la abogada Sheila Solís Fernández. Ella no vive tan cerca del viaducto o del muelle más largo del mundo, sino que es vecina de la ciénega y la carretera. Pero esa pequeña distancia con el lugar donde se concentran los proyectos no la libera de sus impactos.

La falta de consulta a la comunidad, una constante

Solís Fernández tiene 30 años y reconoce que este tipo de proyectos deben realizarse con consultas previas a la población en donde se desarrollarán las obras. Sin embargo, en el caso de la ampliación del puerto de altura no hubo tal consulta sino todo lo contrario: la información acerca del mismo ha sido limitada.

Los escasos datos disponibles sobre las labores en el muelle afirman lo siguiente: “… se realizará el dragado de construcción de nuevas áreas operativas para la conformación de 2 nuevas plataformas de 40 hectáreas cada una para el desarrollo de nuevas líneas de negocio y ampliar la capacidad de almacenamiento y atraque. Se profundizará el canal de navegación con lo cual se podrán recibir embarcaciones de mayor calado con lo cual se modernizará el principal puerto del sureste mexicano”.

La plataforma Proyectos de México agrega que “el canal de navegación pasaría de 150 a 180 metros de ancho con una profundidad de -13.3 metros y las dársenas operativas y de ciaboga a -12.5 metros”.

Al margen de la cuestión técnica, Solís Fernández expresó a Jaltun: “Mucha gente ya podemos ver la erosión, aquí en donde están las letras que dicen ‘Progreso’, cerca de un restaurante que se llama Viña del Mar, ya puedes verlo. Incluso la gente que viene de fuera se sorprende porque ya no hay arena, prácticamente el mar topa con la infraestructura, de antes había una extensión de arena ahí, bastante grande“.

Toda la zona del Muelle de Chocolate antes era arena.
Foto: Cecilia Abreu.
Con foco en atraer más turismo, se profundiza la intervención en el ecosistema de Progreso. Foto: Cecilia Abreu.

Esta erosión se ha hecho visible desde que el proyecto de ampliación del muelle entró en una segunda fase. La primera la inició el Gobierno del estado de Yucatán en agosto de 2025 con el dragado del canal de navegación y una sección de la curva y sobre ancho. Dicha etapa finalizó en marzo de este año.

La fase dos inició el 20 de junio de 2026 con la labor de la operadora portuaria SSA Marine Mexico, que puso en marcha otro dragado, el mantenimiento de la actual dársena de ciaboga, y distintas tareas frente a la terminal de contenedores del puerto.

A partir de esa ampliación, se pretende que el puerto de altura pase a ocupar 114 hectáreas en lugar de las actuales 34. Dentro de ese plan se considera añadir dos plataformas operativas de 40 hectáreas cada una. Esto implica que 80 hectáreas que solían ser mar se convertirán en una infraestructura de concreto.

Estatus actual de la segunda fase, obtenida mediante la página de la Semarnat, misma que indica que el trámite fue suspendido por falta de información adicional.
La Secretaría de la Marina indica así las fases

Mientras el Gobierno de Yucatán anuncia con orgullo que “el proyecto integral asciende a 12 mil 225 millones de pesos, lo que lo convierte en la mayor inversión realizada en la historia del Puerto de Altura de Progreso”, las y los habitantes de Progreso atestiguan cómo esa intervención está acabando con sus playas.

Para Solís Fernández, el reconocimiento otorgado al “muelle más largo del mundo” no ha sido nada positivo para la comunidad. Por el contrario, ahora que el proyecto de ampliación del puerto de altura está en curso, los trabajos de dragado y relleno se reflejan en la dramática erosión que sufren las costas.

“La gente se queja y se pregunta para quién será esto“, expresó a Jaltun. “También la pregunta es para quién va a obtener las ganancias del proyecto de extensión del muelle. Y si se lo van a quedar las personas de siempre“, añadió. La entrevistada aseguró que no conoce a ninguna persona de Progreso que muestre entusiasmo por el aumento de tamaño del muelle.

Cruceros, barcos de carga y hasta una plataforma petrolera, fondeados en el puerto de Progreso. Foto: Patricio Eleisegui.

Lo que sabe es que recalarán buques para transporte de contenedores, pero también que la ampliación es para incrementar el tamaño de los cruceros que pueden arribar al puerto. Claro que eso no significa que la ciudad esté lista para atender una actividad que se caracteriza por la desigualdad que provoca.

Ampliación del puerto de altura, rentas y turistificación

Desde que los trabajos en el puerto comenzaron, ni siquiera la luz y el agua son suficientes para todos. Sheila ve cómo el agua está en desabasto porque la ampliación también tiene como objetivo conectar al muelle con otro desarrollo en construcción: el Tren Maya de carga. Y esas mismas obras le están restando agua a la comunidad. Lo mismo pasa con la luz.

Solís Fernández señaló que cuando los cruceros llegan no se quedan en el puerto, sino que se llevan a la gente a sitios como Chichén Itzá, por lo que Progreso no recibe beneficios. En la terminal de autobuses de la comunidad no faltan las y los vecinos que observan que AutoProgreso reserva sus mejores camiones para los turistas, mientras que para las y los habitantes quedan las unidades más desgastadas.

“Ahora las rentas no son accesibles en cuanto a costos, pero tampoco encuentras vivienda porque a la gente le resulta más rentar su casa por fin de semana o por épocas de verano. Es raro que puedas encontrar una vivienda ahora. La gente que vivimos acá tenemos que vivir en esta zona, que es zona de ciénega, y en colonias más apartadas”, explicó.

En cuanto al valor de las rentas, Solís Fernández sostuvo que encontraba opciones que rondaban entre los 2 mil y los 2 mil 500 pesos mensuales. Ahora percibe que las casas en renta son más bien para turistas, con rentas por semana y precios que oscilan en los 7 mil pesos.

Esto y el tema de los camiones son algunos de los indicadores sobre cómo se prioriza al turismo antes que a la comunidad. Sheila señaló otros ejemplos: el Museo del Meteorito —inaugurado en agosto de 2022—, mencionó, se encuentra donde antes había una concha acústica y un parque para eventos gratuitos. Ahora es un sitio fuertemente orientado a los turistas y con entradas que van de los 150 a los 350 pesos por persona.

La turistificación, otro fenómeno en Progreso. Foto: Cecilia Abreu.
Uno de los nuevos restaurantes que opera cerca del muelle. Foto: Cecilia Abreu.

Por este tipo de situaciones, ya hay personas que tienen que irse a vivir a Mérida. No por preferencia personal, sino porque el alza del costo de vida las termina desplazando. Sheila dijo a esta plataforma que no quiere ese destino; quiere seguir viviendo en su puerto, ese sitio tranquilo donde todo le queda tan cerca que puede ir caminando y se encuentra a su familia.

Faltan mediciones sobre el impacto de los proyectos

El doctor en oceanografía, Alfonso Aguilar Pereira, respaldó lo que cuentan Alejandra, Francisco y Sheila, y señaló algo tan grave como importante: nadie está haciendo mediciones para ver cuál es el impacto real del proyecto de ampliación del puerto de altura y su vinculación con el viaducto y el Tren Maya de carga. Aseguró a Jaltun, tampoco se realizaron los estudios previos de impacto ambiental correspondientes para la aprobación y desarrollo de un proyecto de esa magnitud.

Esos estudios, advirtió, son necesarios para conocer cuáles son los riesgos que podrían esperarse al modificar la circulación de las corrientes y extraer material, e incluso organismos del lecho marino. “Porque al dragar, vas a sacar organismos del fondo de su hábitat”, subrayó. Hacer los estudios adecuados, señaló, requiere boyas oceanográficas para medir la fuerza de las corrientes, entre otro equipamiento. Se trata de un instrumento que nadie tiene en Yucatán.

Aguilar Pereira sostuvo que los proyectos que se vienen llevando a cabo en Progreso ponen énfasis en mencionar las cifras que se destinan a la construcción —el gobierno de Yucatán señala que destinará 12 mil 225 millones de pesos a la ampliación del muelle—. Pero que, una vez desarrolladas esas iniciativas, resulta imposible tener una certeza, incluso económica, del costo que genera para toda la comunidad y el territorio la pérdida de manglares y especies, y la contaminación del agua.

Un tráiler pasando por el muelle industrial.
Foto: Cecilia Abreu.
El muelle de pescadores comparte costa con el puerto de altura. Foto: Cecilia Abreu.
El puerto de altura se extiende mar adentro.
Foto: Cecilia Abreu.

La contaminación del manto freático, el impacto del dragado, la destrucción de la duna costera y la presión del cambio climático encabezan la lista de alertas planteadas por el especialista. A este escenario se le suman la gestión inadecuada de los residuos que generan las embarcaciones y el riesgo latente de derrames de hidrocarburos, un riesgo que crece a la par del aumento del puerto de altura.

“Va a haber un costo ambiental, del mismo modo que lo hay con el crecimiento de Mérida. El ser humano cree que lo controla todo, pero no controla nada”, advirtió Aguilar Pereira. Y concluyó con una advertencia severa: la infraestructura alterará el entorno y los fenómenos naturales tendrán impactos cada vez más graves en Progreso y sus áreas cercanas.

Jaltun