Por vulnerar derechos, comunidad maya de Texan de Palomeque rechaza el parque solar Haab Kiin
Publicado 5 noviembre, 2026
La planta Haab Kiin, otro proyecto de energía fotovoltaica que busca instalarse en Yucatán, ha generado un fuerte conflicto entre comunidades locales, apicultores, funcionarios y autoridades. Mientras que la Manifestación de Impacto Ambiental defiende los beneficios ambientales de la energía limpia, los habitantes de Texan de Palomeque denuncian falta de transparencia y acusan a las empresas y al gobierno de manipular consultas indígenas con fiestas y tecnicismos.
La empresa española Fisterra Energy y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) pretenden deforestar más de 250 hectáreas de selva mediana en el noroeste del estado de Yucatán, para instalar 220,698 paneles fotovoltaicos como parte del megaproyecto “Planta Solar Haab Kiin”.
Haab Kiin prevé la preparación, construcción, operación y mantenimiento de una estructura fotovoltaica sobre un terreno rentado por 30 años. Aunque formalmente es el tiempo que el promovente del proyecto establece para su operación, la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) especifica que la vida útil de las instalaciones puede considerarse indefinida si los equipos se reponen periódicamente.
El objetivo de la planta es transformar la energía solar a energía eléctrica para su posterior suministro a la Red Nacional de Transmisión. El proyecto se pretende llevar a cabo en terrenos que se ubican en los municipios de Umán y Hunucmá. En concreto, estará situado a poco más de 2 kilómetros al este de la comunidad maya de Texán de Palomeque, en el municipio de Hunucmá, y a 3.7 kilómetros al oeste de Oxcúm, ya en Umán.
Una consulta pública por demás inapropiada
Desde hace dos semanas, funcionarios de la Secretaría de Energía, representantes de la empresa y autoridades locales vienen visitando Oxcum y Texan de Palomeque como parte del procedimiento de consulta libre, previa, informada y culturalmente apropiada. Se trata de un requisito indispensable y derecho fundamental de los pueblos indígenas y afromexicanos cuando se planea un megaproyecto u obras que puedan afectar sus territorios y bienes naturales como el agua, el suelo, los montes, entre otros.
Sin embargo, habitantes de Oxcum y Texan de Palomeque entrevistados por Jaltun opinaron que dicho procedimiento —que todavía no termina— tiene irregularidades. En Oxcum, ejidatarios contaron que la empresa llevó comida, bebida y música para recolectar firmas. A pesar de que muchas personas no quisieron firmar, lo que escuchan por parte de representantes y autoridades es que esto es solo un proceso, pues “el proyecto ya fue aprobado por el Gobierno Federal”.
En Texan de Palomeque, las personas firmaron porque les dijeron que eran listas de asistencia a las reuniones informativas. Sin embargo, la empresa usó esas firmas como argumento de que las personas consienten el proyecto.
“Dijeron que tenían evidencia de que las personas aceptaban porque tenían firmas. Las firmas que recolectaron, quiero dejarlo claro porque la gente así nos lo dijo, fueron firmas de asistencia. Firmaron hasta niños de 9, 11 años“, comentó a Jaltun una habitante de la comunidad.
“Están malversando las firmas y la confianza de la gente. Pero está bien, nosotros también tenemos firmas y hay muchos videos, muchas transmisiones y mucha evidencia de que la gente no quiere el proyecto“, agregó.
Otros integrantes de la comunidad afirmaron que la empresa promovente y los funcionarios no hicieron un esfuerzo real y concreto por traducir para quienes no hablan español las diapositivas repletas de lenguaje técnico, estadísticas y modelos ambientales.
Aunque en las reuniones hubo un intérprete, pobladores bilingües subrayaron que la persona en cuestión nunca tradujo los riesgos y los detalles técnicos del proyecto sino que se limitó a decir frases en maya como “acéptenlo, es algo bueno para ustedes”.

“Es discriminatorio que recalquen tanto la palabra indígena como si no entendiéramos. Nosotros somos indígenas, hablamos el idioma maya, aquí nacimos, somos originarios de aquí. Y merecemos la misma información, solo deben contextualizarla pero a estas personas no les importaba”, enfatizó la misma pobladora.
Los promoventes no explicaron los impactos acumulativos y de largo plazo como las consecuencias de la deforestación de la selva, la pérdida de colmenas de abejas para la apicultura local y los riesgos de filtración de desechos al acuífero. Tampoco, las consecuencias para la fauna y la población sobre el efecto espejo que generarán los más de 200 mil paneles juntos.
En vez de adecuar los conceptos técnicos y explicarlos, aprovecharon las carencias de la comunidad para prometer obras de infraestructura y apoyos a corto plazo. Todo, con el fin de obtener la aprobación de las y los pobladores.
“Más que una consulta culturalmente apropiada, usaron la cultura para la aprobación de la consulta. No se apropió nada de sus diapositivas de manera cultural, popular, para que la gente lo entienda. Siguieron usando tecnicismos en un idioma que mucha gente no entiende. Me parece una estrategia muy baja para convencer a la gente, creo que la música, la fiesta impacta directamente en el estado emocional de las personas para interponer algo que es muy fuerte”, opinó otra habitante de Texan de Palomeque.
La juventud que informó a la gente en la consulta
El 30 de octubre por la noche, alrededor de 200 personas se concentraron en el parque principal de Texan de Palomeque para una reunión informativa.
Cerca de 20 jóvenes, entre los que se encontraban pobladoras que dialogaron con Jaltun, tomaron el micrófono para explicar lo que venía en la MIA, un documento de 900 páginas que tuvieron que conseguir por sus propios medios. Y el que debieron leer y analizar de un día para otro.
“Nos hemos dado la tarea de leer porque de eso se trata, de estar informados y no solo creer lo que nos vienen a proyectar aquí. Pueden disfrazarlo, pueden adornarlo, pero no es así. Muchos de aquí probablemente no estén en 30 años, pero hay bebecitos que acaban de nacer y van a vivir los impactos ambientales de este ecocidio. Yo no busco nada de estar aquí y estoy segura que más adelante alguna gente me va a ver feo, pero tengo que expresarlo”, dijo al micrófono una de las habitantes.
Durante esa intervención también hablaron otros jóvenes apicultores cuyas colmenas están cerca de la zona que sería deforestada.
La MIA reconoce la realización de actividades productivas tradicionales como la apicultura, pero carece de evaluación de impacto o programa de mitigación específico dirigido a las abejas o a los apicultores locales.

Los apicultores presentes señalaron que la tala del monte destruye de manera directa la fuente de alimento y polinización de las abejas. Para las comunidades esta pérdida atenta directamente contra una especie clave en el ecosistema y para el sustento económico de las familias y cooperativas de apicultores.
“Son muchas sociedades cooperativas de apicultores que hay aquí en Texan de Palomeque y les aseguro que todos lo hacen por ayudar a la comunidad, por preservar un oficio que actualmente es muy difícil. De verdad, gente, dimensionen. Si se aprueba este proyecto, van a venir a ponerse más y van a destruir más montes, más selva y vamos a sufrir las consecuencias drásticamente. Les invito a que reflexionen, porque tendríamos más beneficios teniendo nuestra selva que destruyéndola”, expresó un productor de miel.
De acuerdo con la MIA, en el área que pretenden deforestar habitan 80 especies entre aves, mamíferos y reptiles. Dentro del Área del Proyecto se identificaron 10 especies en alguna categoría de riesgo, según la norma oficial mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010. Entre estas se destacan el pavo, la iguana negra, la tortuga mojina de monte, aguililla negra, zopilote sabanero, halcón peregrino, trepatroncos barrado, vireo manglero, perico pecho sucio y la musaraña de orejitas yucateca.
En otro momento de la reunión, un poblador de Texan de Palomeque, tomó el micrófono para informar a las personas sobre el contenido de la MIA y motivarlos a que analicen la información y piensen en las consecuencias para las futuras generaciones antes de aceptar.
Las juventudes pidieron a las personas presentes que alzaran la mano si estaban a favor de que se desechara el proyecto y gran parte de los presentes así lo hizo.

“Ningún proyecto de esta magnitud puede avanzar sobre el territorio sin el consentimiento de las comunidades afectadas, directa o indirectamente. Aunque los terrenos hayan sido vendidos o rentados, necesitan un permiso de cambio de uso de suelo y el pueblo puede evitar eso”, indicaron.
La comunidad también solicitó la presencia de funcionarios de la Semarnat y la Profepa, pues la MIA todavía está en la etapa de evaluación. Exigieron acceso a la información sobre los planes de manejo y contingencia debido al riesgo de contaminación y filtración de los desechos.
“No somos especialistas en el tema y merecemos una información culturalmente adecuada que explique los tecnicismos. Exigimos al ayuntamiento de Hunucmá y de Umán abstenerse a emitir licencias de uso de suelo o construcción y a las autoridades correspondientes como la Semarnat que resuelvan de manera clara el estatus ambiental de este proyecto”, dijo una de las pobladoras que dialogó con Jaltun.
El sol en la península, una oportunidad de negocio para las empresas
Después de la intervención de las y los jóvenes, y siempre en el marco de la reunión con la comunidad, tomó la palabra Melquisedec González Juárez, Director General Adjunto de Vinculación Social de la Secretaría de Energía (Sener).
Inició diciendo que hubo “varios errores en la información que presentaron” y pidió a la empresa que volviera a compartir datos, a lo que parte de los asistentes se negó, al señalar que ya los habían escuchado durante los últimos días y se reiteró el rechazo al proyecto.
Ante la presión, la comisaria municipal, Candelaria Canché, dio por terminada la reunión para luego dar inicio a un concierto de jarana y el reparto de comida.
El proyecto de la empresa registrada como Desarrollos y Soluciones Energéticas Arce (aunque su nombre comercial es Fisterra Energy) forma parte de los paquetes energéticos adjudicados bajo el esquema de contratos mixtos de la CFE. En total son 10 proyectos bajo ese esquema que pretenden instalarse en la península de Yucatán. En total, producirán alrededor de 2,400 megavatios.
Junto con la región noreste de México, Yucatán y la península en general concentran el 54% del total de proyectos adjudicados a nivel nacional. Las empresas que ganaron el concurso de la CFE para invertir en Yucatán son Fisterra Energy, Cúbico México, Terralia Energía y Campo, Thermion Energy y Solarig.

Consultado por Jaltun, el director de Impacto Social, Consulta Previa y Ocupación Superficial de la Sener, Rafael Enrique Fonseca Chávez, dijo que la zona delimitada para parque fue seleccionada para recibir el proyecto por “las necesidades energéticas actuales y futuras”.
Y que la instalación fotovoltaica prevista y sus más de 200 mil paneles solares no serán para las empresas industriales sino “para las personas” de las comunidades de Hunucmá y Umán. Lo particular es que el total de población de ambos municipios apenas alcanza los 100 mil habitantes, mientras que se calcula para Haab Kiin una generación por encima de los 155,5 megavatios.
Se trata de un caudal capaz de garantizar electricidad a una población por encima del medio millón de habitantes, por lo que resulta evidente que el proyecto apunta a un objetivo que no se circunscribe exclusivamente a mejorar la calidad del servicio eléctrico de ambos distritos.
Discursos como el de Fonseca Chávez ya han sido desmentidos por especialistas y colectivos con experiencia en transición y soberanía energética como Túumben K’óoben y Geocomunes. Ambas organizaciones ven en los megaproyectos fotovoltaicos y eólicos una réplica de proyectos extractivos que privilegian el consumo industrial y reproducen un modelo de desarrollo interminable que siempre necesita más recursos.
Desde una perspectiva de generación energética distribuida, y si este proyecto fuera realmente para los pueblos, la propuesta de la empresa y los funcionarios se enfocaría en dotar de sistemas descentralizados a la población cuyo consumo energético es mucho menor al que están proyectando.
En otras palabras, si los paneles solares de Haab Kiin fueran realmente para abastecer a los hogares de Hunucmá y Umán, Fisterra Energy, la CFE y otros organismos pertinentes, podrían repartir esa misma cantidad de paneles a las familias de ambos pueblos y a los espacios comunitarios, no se deforestarían más de 200 hectáreas de selva e incluso sobraría la mitad de las placas fotovoltaicas.