Pese a clausura de Profepa, Crío levantó otra granja y tira excretas cerca de la antigua ciudad maya de Tzemé

Pese a clausura de Profepa, Crío levantó otra granja y tira excretas cerca de la antigua ciudad maya de Tzemé

Publicado 15 agosto, 2026

La avícola construyó una serie de naves a metros de una zona arqueológica que resultó dañada por maquinaria de la firma y que generó la clausura por parte de Profepa y la intervención del INAH. Colectivos de la cercana Kinchil afirman que la empresa nunca respetó el veto establecido por el organismo federal, por lo que siguió efectuando desmontes en el área. Además, Crío arrasó otro tramo de la vegetación para generar un nuevo vertedero de excrementos y otros residuos de pollos y gallinas.

La depredación del monte y el uso de las áreas devastadas como depósitos de excretas a cielo abierto se mantiene como característica marcada y recurrente del funcionamiento de Bachoco y Crío, las avícolas de envergadura que operan en el estado de Yucatán. A escasos meses de un relevamiento de Jaltun que dio como resultado la detección de al menos 8 tiraderos clandestinos distribuidos en inmediaciones de la comunidad maya de Kinchil, ahora salió a la luz otro depósito a cielo abierto de excrementos y demás residuos de gallinas y pollos ubicado, también, en terrenos cercanos a esa población. 

La particularidad no está sólo en lo lapidario de un desastre que no deja de ampliarse: generado por Crío, el vertedero se ubica en cercanías de Tzemé, un área arqueológica inventariada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y que perdura a menos de 7 kilómetros de Kinchil. 

Junto a Tzemé se encuentra, también, una superficie de selva que la avícola arrasó para construir naves industriales. Y sobre la que rige una clausura de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) establecida en noviembre del año pasado.

Precisamente, el veto aplicado a esa área responde a que, se indicó al momento de la clausura, Crío realizó cambios de uso de suelo sin permiso —la avícola es dueña del terreno— además de que dañó estructuras, plataformas y cimientos prehispánicos tras efectuar tareas de desmonte utilizando maquinaria pesada incluso en el espacio de Tzemé. 

Crío desmontó otra área cercana a Kinchil para arrojar los desperdicios de su negocio avícola. Foto: Patricio Eleisegui.

Crío nunca paró las obras y levantó naves a metros del área de Tzemé

Pero lo cierto es que, más allá de la prohibición de obras fijada en 2025, la empresa siguió adelante con su plan de construcción y en el primer semestre de este año activó una granja con seis naves a menos de 600 metros de la zona arqueológica donde, además de Profepa, el INAH constató la destrucción perpetrada por la avícola.

El tiradero de Crió a escasa distancia de Tzemé se suma a otros dos vertederos de la avícola cercanos a Kinchil. Foto: Patricio Eleisegui.

El desarrollo y funcionamiento de las instalaciones, así como la existencia de otro vertedero de excrementos en la selva cercana, fueron constatados por Jaltun en una visita a campo reciente efectuada junto a integrantes del Consejo Comunitario de Kinchil. 

Es necesario exponer que la empresa Crío no respetó la clausura que dispuso Profepa y no sólo hizo una nueva construcción cercana a la zona arqueológica que dañó, sino que además ahora tiene ese tiradero de excretas dañando al monte”, comentó uno de los referentes de ese colectivo.

La zona de Tzemé donde Crío metió su maquinaria y generó daños a vestigios arqueológicos. Foto: Patricio Eleisegui.

Pedimos que se haga efectivo el cumplimiento de la suspensión de obras. Esto que vemos es selva y zona arqueológica. La empresa ya fue requerida por los tribunales y ni siquiera ha contestado. Crío sabe que no puede trabajar en esta zona y sin embargo ha desistido de cumplir lo que estableció la Profepa”, agregó. 

En la misma sintonía, una integrante del Consejo Comunitario de Kinchil subrayó que Crío “hizo una nueva granja a tan solo metros del área arqueológica, por lo que está incumpliendo lo que se dispuso como protección. Lo único que han respetado fue el impedimento para no mover una de las máquinas que usó para desmontar y afectar los vestigios de Tzemé”.

Las naves que Crío levantó muy cerca de Tzemé. Foto: Patricio Eleisegui.

Daño constatado, intervención de organismos e incumplimientos

La cronología de sucesos que nos sitúan en el escenario actual de contaminación y perjuicio sufrido por Tzemé tuvo un primer capítulo en noviembre de 2025. 

Durante ese mes, y tras alertas emitidas por la población local y el Consejo Comunitario de Kinchil, Profepa realizó una inspección en los terrenos donde se ubica el área arqueológica y sus alrededores. Luego de confirmar la destrucción de la vegetación y la alteración del suelo sin los avales correspondientes, el organismo colocó sellos de clausura que inmovilizaron la maquinaria presente en el lugar y estableció la paralización de cualquier tipo de obra. 

También en noviembre del año pasado el INAH llevó a cabo un relevamiento en el área de la antigua ciudad maya. Constató la existencia de estructuras prehispánicas, cimientos de asentamientos mayas y material cerámico en la superficie. Efectuado un recorrido y una serie de pericias, el organismo determinó que los trabajos con maquinaria pesada efectuados por Crío causaron la destrucción parcial e irreversible de plataformas y basamentos ancestrales

A tono con lo dispuesto por Profepa, el Instituto emitió una orden de suspensión inmediata de cualquier remoción de tierra. Lo que siguió fue la decisión de Crío de incumplir lo establecido por ambos organismos. Así, entre diciembre del año pasado y enero de 2026, el colectivo de Kinchil documentó que la empresa continuó prácticamente sin pausas los trabajos de nivelación y tendido de infraestructura.

Maquinaria inmovilizada tras acción de Profepa. Fotos: Patricio Eleisegui.

A pesar de los sellos de Profepa y la prohibición del INAH, afirmaron las y los vecinos de la comunidad maya, Crío mantuvo el tránsito de camiones de volteo, aplanadoras y personal de construcción

Según fuentes también en el área de Kinchil, la avícola habría avanzado con la construcción de la granja que se ubica a escasos metros de Tzemé incluso en horarios nocturnos para eludir la vigilancia federal.

Hacia abril pasado, las y los integrantes del Consejo Comunitario de Kinchil expusieron a través de medios locales y redes sociales que la avícola había vuelto a operar maquinaria pesada muy cerca de la zona arqueológica

En esa instancia, el colectivo anticipó que acudiría ante dependencias del gobierno del estado y la representación local de Profepa para exigir el cese definitivo de las obras, la ejecución de clausuras con apoyo policial, y el inicio de procedimientos judiciales contra la firma por la destrucción de patrimonio arqueológico y presunto desacato. La existencia del tiradero de excrementos no fue conocida sino hasta fines de junio.

La granja que Crío construyó cerca de Tzemé funciona sin contratiempos. Foto: Patricio Eleisegui.

Crío, la contaminación y el vínculo con la política

Como su similar Bachoco, las andanzas contaminantes de Crío fueron expuestas por esta plataforma en un artículo publicado a fines de abril del año pasado. 

En ese momento, se informó que la avícola descartaba excretas en un terreno privado que, cercano a una megagranja de Crío que Profepa clausuró de forma definitiva en junio de 2024, fue señalado mediante denuncias respaldadas por la Alianza Maya por las Abejas Kaabnalo’on, un colectivo peninsular conformado por organizaciones comunitarias de apicultores.

No sólo las instalaciones industriales en cuestión siguen operando: la empresa continúa tirando excrementos en el mismo predio, situado a poco más de 7 kilómetros de Kinchil, y aparte desmontó otra área lindera a su megagranja, de unas 6 hectáreas, donde también arroja desperdicios sin ningún tipo de control. 

En otra recorrida por el territorio efectuada hace escasos meses, Jaltun constató la presencia de esas dos zonas depredadas por Crío para su uso como cementerio de residuos.

Además de destruir vestigios arqueológicos, Crío también derribó alambradas y complicó a ganaderos del área. Foto: Patricio Eleisegui.

Propiedad de la familia Fernández, Crío es una empresa yucateca que opera desde principios de la década de los 60. Con actividades comerciales extendidas hacia Tabasco, Veracruz y Chiapas, la firma reconoce 13 mega granjas propias de crianza de pollos y producción de huevos, una planta procesadora de carne, otra de alimentos y al menos 14 centros de distribución.

La compañía en cuestión también ha desarrollado una red de vínculos con representantes u organismos ligados a los gobiernos de turno en Yucatán. A principios de 2025, por ejemplo, Ermilo Barrera, actual Secretario de Economía y Trabajo del estado, dio cuenta de reuniones con Adán Fernández Flores, director general de Crío, en su espacio en la red social X

Colectivos de Kinchil afirman que Crío nunca detuvo sus obras. Foto. Patricio Eleisegui.

Crío también mantuvo relaciones vía su participación en el Consejo Agroalimentario de Yucatán y el diálogo directo con la Secretaría de Desarrollo Rural (Seder), sobre todo en tiempos de Mauricio Vila al frente de la gobernación yucateca. 

A nivel popular, la avícola ha sabido hacerse de buena reputación a partir de un patrocinio casi permanente del equipo de béisbol Leones de Yucatán. Además, Crío es sponsor oficial de la Feria Yucatán Xmatkuil, organizada por la gobernación del estado a través del Instituto Promotor de Ferias de Yucatán (IPFY).

Jaltun