La expansión del Tren Maya acelera la destrucción del monte en Misnébalam

La expansión del Tren Maya acelera la destrucción del monte en Misnébalam

Publicado 24 junio, 2025

La terminal de carga en Progreso, Yucatán, del megaproyecto Tren Maya amenaza el monte de Misnébalam, último rincón de biodiversidad del ejido de Chablekal. Pobladores denuncian deforestación ilegal y colusión entre ejidatarios, empresas constructoras y gobiernos, mientras resisten para proteger su territorio y cultura.

Triste, Silvia Chale atestigua lo que ella llama un ecocidio: “Durante todos estos años nos hemos dedicado a preservar este lugar. Hemos entregado documentación a las instancias gubernamentales para que protejan estos espacios, y hoy esta es la situación que nos encontramos: talaron el monte”.

Detrás de ella está Misnébalam, “el último rincón de monte que nos queda en Chablekal que no se ha vendido a las empresas inmobiliarias”, asegura Silvia, mientras otros habitantes de esta comisaría maya, como ella, recorren la terracería llena de árboles derribados.

Todos lucen molestos. Indignados. Y es que esta no es la primera vez que entra maquinaria al monte para deforestarlo. La historia es común para los pobladores de Chablekal, al menos, desde el 2000, cuando la zona norte de Mérida comenzó a llenarse de complejos residenciales con la promesa de habitar a tan solo unos minutos de la playa.

“Este es el último rincón que nos queda en Chablekal para preservar nuestros montes, nuestra tierra, la fauna y todo lo que alberga un monte. Y hoy insistimos: estamos aquí para conservar lo último que le queda al pueblo de Chablekal. Las demás tierras han sido vendidas o despojadas por el ejido, y por eso estamos luchando”, afirma Silvia, mientras suelta un par de preguntas al aire, una de ellas fundamental: “¿Quién está detrás de la nueva deforestación en el monte de Misnébalam?”

Un tren al que llaman progreso

Maquinaria usada para derribar la vegetación y abrir ilegalmente un camino en el monte de Misnébalam. Foto: Alejandro Ruiz.

El 26 de abril, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, anunció la construcción de una terminal modal de carga del Tren Maya en Progreso, “una obra que cambiará para siempre el destino de nuestra tierra y nuestra gente”, afirmó.

En el evento, la presidenta estuvo acompañada de los ingenieros militares que estarán a cargo de la construcción, aunque esto último en realidad es un eufemismo, pues, como en las otras obras del megaproyecto, el Estado mexicano ha adjudicado contratos a empresas privadas para la planeación, preparación, rehabilitación y construcción de la vía férrea; así como la adquisición y el suministro de material rodante, y las acciones de difusión y divulgación del proyecto.

Algunas de las empresas más favorecidas en la adquisición de contratos desde 2019 —y que también estuvieron en el banderazo de salida de la construcción de la terminal modal en Progreso— son ICA Constructora, Operadora CICSA, Azvindi Ferroviario y el consorcio Mota-Engil México, quienes participaron en las construcciones de los tramos 1, 3, 4 y 5, además de las conexiones ferroviarias que el proyecto tendrá con el Corredor Interoceánico.

Un par de días antes, el 6 de abril, los representantes ejidales de Chablekal convocaron a una asamblea para aprobar un contrato de usufructo de tierras de uso común del ejido, a un particular de nombre José Palma Pool. El comisario ejidal, cuentan algunos pobladores entrevistados por Jaltun, dijo en ese momento que el negocio le convenía al ejido, pues la intención de rentar las tierras era para crear un banco de materiales para la construcción de la extensión del Tren Maya que llegará al puerto de Progreso.

Una empresa con historial

Deforestación en Misnébalam. Foto: Alejandro Ruiz.

Sin embargo, la asamblea no autorizó el usufructo, en parte por lo incierto del supuesto beneficio derivado del contrato y porque una porción de las tierras que se pretenden dar en usufructo han sido defendidas durante más de 10 años por los pobladores de Chablekal. Las tierras resguardan vestigios de centros ceremoniales mayas, y especies nativas y endémicas de la región.

Pese a esto, el 26 de mayo maquinaria pesada llegó al monte y lo deforestó. Los permisos, dicen los pobladores, los otorgó el comisario ejidal de Chablekal, aunque la decisión no se acordó en la asamblea.

Días después, el 30 de mayo, la asamblea ejidal de Chablekal emitió una primera convocatoria para discutir un nuevo contrato de usufructo para las mismas tierras que solicitaba José Palma Pool. La diferencia es que las tierras ya habían sido invadidas y, además, que ahora el interesado era una empresa: Coradime Sociedad Anónima de Capital Variable.

La empresa fue constituida en 2008 en la Ciudad de México, según actas del Registro Público de Comercio consultadas por Jaltun. Desde hace décadas, esta constructora ha adquirido contratos con el Gobierno de la Ciudad de México y algunas de sus alcaldías para realizar obra pública.

En 2022, Coradime se convirtió en una de las empresas que participaron en la construcción de diversos proyectos a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Por ejemplo, en la construcción de la Base Aérea Militar No. 1 en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles y en el nuevo aeropuerto de Tulum. También, a través de Carso Infraestructura y Construcción (CICSA) y de LAMAT, la empresa fue contratada para trabajos de construcción y provisión de materiales para los tramos Palenque-Escárcega y el tramo 5 Norte del Tren Maya.

Esta situación vuelve a encender alarmas entre los pobladores de Chablekal, que ahora no sólo se enfrentan a las inmobiliarias de siempre, que operan coludidas con la asamblea ejidal y las autoridades agrarias, sino también, en los hechos, a los intereses del Estado mexicano para desarrollar uno de sus megaproyectos estratégicos en la región.

No obstante, para imponer sus intereses, tanto las desarrolladoras inmobiliarias como los ejidatarios y el Estado mexicano tienen que pasar por encima de la ley, pues las máquinas que deforestaron el monte de Misnébalam invadieron el territorio que defiende la Unión de Pobladoras y Pobladores de Chablekal, una organización surgida en 2014 para impedir la venta masiva de tierras ejidales a empresas, principalmente inmobiliarias.

Misnébalam no se vende

En 2014, un grupo de pobladores de Chablekal comenzó a organizarse para frenar el despojo de su territorio, dado que la asamblea ejidal había comenzado a vender gran parte del ejido para la construcción de complejos residenciales y casas de campo a las que los habitantes de la comisaría maya no pueden entrar más que como trabajadores.

“Así, 346 personas eran las que estaban decidiendo qué se vende o qué no se vende. Ellos creen que tienen el derecho de manejar la tierra por tener un papel, y las cosas no son así”, cuenta José Euan Chan, habitante de Chablekal e integrante de la Unión de Pobladores, quien además señala que varios ejidatarios, más allá de defender la tierra, actúan como empresarios.

Su afirmación no es disparatada, pues algunos de ellos literalmente lo son, como Roberto Abraham Mafud, un empresario inmobiliario de ascendencia libanesa reconocido por el Registro Agrario Nacional como ejidatario en Chablekal, según constató Jaltun a través del padrón de ejidatarios vigente en el ejido. Como él, al menos otros 60 empresarios de Mérida también son ejidatarios de la comisaría maya.

Desde el 2000, de acuerdo con datos del Registro Agrario sistematizados por GeoComunes, el 66 por ciento de las tierras de uso común del ejido ha sido parcelado para uso individual.

“No solo están vendiendo la tierra, con ella venden todo el patrimonio cultural que nos corresponde a todos”, critica Conchi Coot, también integrante de la Unión.

Lo único que quedaba sin vender en Chablekal era Misnébalam, un polígono de alrededor de 300 hectáreas que está dentro del ejido, aún conservado y sin deforestar.

El derecho a la tierra contra el desarrollo

Vista panorámica del monte de Misnébalam. Foto: Katia Rejón.

Por eso, en 2014, la Unión de Pobladores presentó una demanda agraria ante el Tribunal Unitario Agrario en Yucatán, reclamando como pueblo originario sus derechos sobre el territorio. Al principio, el tribunal dudó en admitirla, por un lado, por ser un tema que se sale de la doctrina agraria, y por el otro, porque usualmente sólo ejidatarios o empresarios se apersonan como interesados en este tipo de juicios. Lamentable fue que el Tribunal se negara a otorgar una medida precautoria para proteger Misnébalam durante el desarrollo del juicio.

“Si estamos defendiendo Misnébalam es porque yo siento que me pertenece como pobladora. Y porque de ahí voy a seguir respirando”, afirma Angélica Padrón, integrante de la Unión.

En 2016, y ante la negativa de las autoridades en hacer caso a las demandas de los pobladores, la comunidad y sus asesores jurídicos interpusieron un amparo en el Juzgado Primero de Distrito. El amparo resultó a su favor y reconoció la legitimidad de la Unión para defender las tierras. El amparo, además, ordenó al Tribunal Agrario analizar el caso con perspectiva de derechos de los pueblos indígenas y emitió una medida cautelar para proteger Misnébalam, la cual sigue vigente hasta que el juicio por la posesión de la tierra termine.

De acuerdo con Miguel Anguas, abogado de Kanan, centro de derechos humanos que asesora actualmente a la comunidad, si la sentencia resulta a favor de los pobladores de Chablekal, sentará un precedente histórico a nivel nacional, “pues no existe en México un caso donde personas sin derechos agrarios formales hayan logrado legitimidad para defender tierras como pueblo originario. Si ganan, se cuestionaría el sistema agrario actual y se reconocería el derecho a la tierra como un derecho humano”.

No obstante, desde 2021 la asamblea ejidal ha intentado violar la medida precautoria para parcelar el monte de Misnébalam. En algunos casos han invadido el territorio, como ahora lo llevó a cabo la empresa Coradime, aun cuando la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ya suspendió las actividades en el predio, y el Ayuntamiento de Mérida está en proceso de verificar con catastro la zona donde pretende operar la constructora.

Silvia Chale concluye:

“Si no hay montes, si no hay selva, ¿qué vamos a respirar? Nos vamos a quedar como la Ciudad de México, con puro smog. Con estos procesos los pueblos estamos perdiendo la identidad del pueblo maya porque hay una falsa promesa de las inmobiliarias de decir: ‘Te vas a superar.’ O sea, que dejes de ser indio. Pero aquí vamos a seguir resistiendo, porque la tierra es nuestra y no nos vamos a ir”.

Jaltun