Una reserva ecológica que desafía a la marginación y la voracidad inmobiliaria en Cancún

Una reserva ecológica que desafía a la marginación y la voracidad inmobiliaria en Cancún

Publicado 5 agosto, 2025

En un área donde hay decenas de asentamientos irregulares, con miles de personas viviendo en la más profunda desigualdad en el polo turístico que es Cancún, brota una iniciativa que propone crear una reserva ecológica. Se busca promover un refugio para la flora y la fauna, pero también impulsar un cambio de paradigma ante la expansión inmobiliaria.

Alejandro terminó de ver un documental sobre cómo algunos cubanos sobrevivieron a la crisis por la caída de la URSS mediante la proliferación de huertos urbanos y enseguida resolvió viajar hasta La Habana para aprender cómo hacer cultivos de plantas comestibles. Hoy, siguiendo ese mismo espíritu y a poco más de una década de distancia, Alejandro impulsa la creación de una reserva ecológica de 40 hectáreas en la zona más olvidada de Cancún, al norte del Caribe mexicano. De conseguirlo no solo sería la primera área verde de la que podrían gozar, por fin, los más de 100 mil vecinos que habitan esta zona, llena de asentamientos irregulares y gente en la más baja pobreza, sino que podría incluir el primer banco de semillas del estado, un vivero de árboles nativos, un refugio para un sinfín de especies de flora y fauna, y también una barrera al voraz desarrollo inmobiliario de la ciudad.

Alejandro Rivera Ruiz, 43 años, es dentista, pero desde siempre ha estado interesado en la conservación de la naturaleza. Es cofundador de Equlibrum Wayak, una asociación civil fundada en 2022 con la cual impulsa este proyecto de pulmón urbano llamado Parque Madre Selva.

Está ubicado en la Colonia Chiapaneca Siglo XXI, un fraccionamiento irregular fundado hacia los 2000. En Cancún, la ciudad más nueva de México, con apenas 55 años de vida, existen más de 200 asentamientos irregulares, donde viven unas 250 mil personas.

Cuarenta de esos asentamientos, donde se agrupan unas 100 mil personas, se extienden sobre las tierras del ejido Alfredo V. Bonfil, constituido en 1975 luego de que campesinos de Durango y Guanajuato que ya no encontraban tierras disponibles en sus lugares de origen solicitaran la creación de un nuevo centro de población ejidal. Como respuesta, el Gobierno Federal expropió 25 mil hectáreas de selva en Cancún para los demandantes. Sin embargo, los campesinos del norte del país se encontraron con que allí los cultivos no crecían como en sus lugares de origen o, en todo caso, que no se daban las cosechas. La tierra no era apta para ese tipo de siembras.

Fue así que los ejidatarios abandonaron la idea de la siembra comercial o criar ganado, para sumarse a la corriente dominante de la expansión urbana que desembocó en decenas de asentamientos irregulares, como el acá mencionado y popularmente conocido “La Chiapaneca”, el más alejado del centro de la ciudad y ubicado en la salida hacia Mérida, Yucatán.

Pese a estar prohibida la venta de tierras ejidales proliferan por toda la colonia letreros como este. Foto: Ricardo Hernández.

“La Chiapaneca” fue fundada por el difunto Raúl Castillejos de la Torre, un cacique local, quien quiso aprovechar la simpatía de sus vecinos para fundar un partido político, el Movimiento Alterno de Renovación, pero que no tuvo el apoyo suficiente para darlo de alta ante las autoridades electorales.

La colonia fue habitada desde sus inicios por gente de Chiapas, que dejaba sus empobrecidas comunidades de origen para perseguir el “sueño Cancún” y su boyante industria del turismo, pero que solo encontró explotación y discriminación.

Como los chiapanecos, empleados como obreros de la construcción o trabajadores del más bajo escalafón en el organigrama de un hotel, no encontraban oferta de vivienda, optaron por agruparse e irse asentando en las tierras ejidales de Alfredo V. Bonfil.

Hoy, “La Chiapaneca” es una de las colonias irregulares más grandes y pobladas, atraviesa desde la Avenida López Portillo hasta la carretera 307. Se encuentra a espaldas del Aeropuerto Internacional de Cancún.

El Aeropuerto Internacional de Cancún está a escasa distancia de La Chiapaneca. Foto: Ricardo Hernández

Como son asentamientos irregulares, sobre ejido y fuera del perímetro considerado en el Programa de Desarrollo Urbano de Cancún, el municipio no ofrece servicios públicos básicos como agua, drenaje o luz eléctrica. Son áreas grises hasta en lo jurídico.

Los asentamientos irregulares han nacido por varias dinámicas. Algunos, por el denominado “turismo electoral”, es decir, luego de que operadores políticos movilizaran familias enteras para vivir en alguna demarcación determinada con el objeto de alterar el padrón electoral a cambio de que, si ganaba el candidato por el cual los obligaban a votar, les darían las escrituras del lugar al que llegaron.

La otra dinámica es por la necesidad genuina de gente que buscó un lugar para vivir pero se topó con rentas incosteables y optó por invadir algún terreno que encontró desocupado. En el ejido Alfredo V. Bonfil existen otras dos modalidades: la de los ejidatarios lotificando y lucrando con la venta irregular de terrenos que deberían de estar destinados a la agricultura, ganadería o actividades forestales, y la de empresarios inmobiliarios que, en alianza con caciques ejidales, desarrollaron fraccionamientos de manera ilegal.

De ahí la importancia del proyecto de Alejandro: la reserva busca, dice él, una suerte de justicia social en tanto que la población tendría, por primera vez en casi medio siglo, un pulmón verde donde se entrelazan actividades agroecológicas, pero también culturales y sociales.

Germinar un proyecto

Alejandro arribó a “La Chiapaneca” hace seis años. Llegó porque estaba cansado de pagar renta para vivir en un espacio insuficiente y en una ciudad cada vez más caótica como Cancún. Explorando posibilidades supo de la colonia, vio anuncios de venta de terrenos, y decidió invertir en lo que sería su nuevo hogar que, ahora sabe, está sobre terrenos ejidales y de los que no podrá tener escrituras. A lo mucho, una cesión de derechos, que la vendedora, una ejidataria, se reniega a otorgarle a pesar de haber cumplido con el pago inicialmente pactado.

Llegué y me estacioné con una casa rodante. Una vez que yo estaba inmerso aquí, empecé a ver todo lo que acontece a mi alrededor: los tucanes, las orquídeas, unas flores ahí; las abejas todas alborotadas por la vegetación; que los colibríes, que las lagartijas, que las mariposas: todo”, recuerda.

Alejandro Rivera con su mascota frente a la casa rodante con la que llegaron a La Chiapaneca hace seis años. Foto: Ricardo Hernández.

Lo primero que le dijeron unos vecinos fue de un proyecto residencial al que lo invitaban a invertir. Para ello tenían que deforestar, poner una plancha de concreto, levantar mini casitas y sin ningún espacio común. “Les dije que no estaba interesado”, comenta Alejandro.

Viendo esos contrastes, el de una zona verde, arborizada, incluso con varios cenotes alrededor, y las amenazas sobre ella, decidió empezar un vivero de árboles nativos, unas colmenas de abejas y también a plantar cacao y vainilla.

A mí no me interesa salir a pedir dinero, que me regalen dinero. Lo que me interesa es hacer esto un proyecto no solo sustentable ambientalmente, sino financieramente. Estamos intentando vender árboles nativos, plantas que producimos aquí, la miel que extraemos y, en un futuro, la vainilla y el cacao que crezca. Hacemos talleres de meli y apicultura, talleres para hacer viveros. Mira, hay tanta naturaleza alrededor. Están, por ejemplo, las lagunas Milagro cerca. Si el municipio se pusiera las pilas podría haber un circuito turístico de bajo impacto”, dice a Jaltun.

El programa busca impulsar una regeneración social y ambiental de la zona incluyendo la zona de lagunas del Milagro, integrando circuitos deportivos para ciclismo, kayaks y ecoturismo comunitario, con la finalidad de diversificar la oferta turística de nuestra ciudad e incluir a la gente de estas colonias en actividades acordes a la cultura de la conservación“, redondea.

Las abejas nativas son uno de los elementos que el proyecto de Rivera intenta propagar. Foto: Ricardo Hernández.

Alejandro ha presentado el proyecto a sus vecinos y, dice, ya logró convencer a seis. “Ya les platiqué del proyecto. Les dije, ‘Oye, mira, ¿sabes qué? Vamos a hacer una reserva. ¿Tú cuántas hectáreas tienes? ¿Tú cuántas tienes? ¿Tú cuántas tienes?’ Ahorita tengo más o menos mapeadas 40 hectáreas, de los que he invitado y han aceptado”, asegura.

La apuesta final es crear una Unidad de Manejo para la Conservación de Vida Silvestre (UMA). Para eso, tendrá que convencer al ejido de poner en orden los papeles de los involucrados, los posesionarios o los que puedan acceder a una cesión de derechos, algo que no ha sucedido en décadas. 

Dependiendo de la voluntad política y civil para su desarrollo, el proyecto podría ser llevado a acabo en coordinación con los tres niveles de gobierno por una fracción de los costos presupuestados por nosotros como sociedad civil. Para conseguir la sostenibilidad económica, proponemos un fideicomiso ambiental y cultural para la creación de la reserva ecológica en conjunto con la construcción de un foro cultural que sirva como centro comunitario para impartir cursos, talleres, conciertos, galerías y exposiciones de arte, con el fin de incluir la agenda cultural y artística dentro de un espacio en la naturaleza“, detalla.

Amenazas y daños ambientales 

Los asentamientos irregulares no solo son un problema social y jurídico, sino también ambiental. Para construir 15 fraccionamientos ilegales, la inmobiliaria Amistad Bienes Raíces deforestó 600 hectáreas de vegetación sin permiso alguno, según cálculos de la Dirección de Ecología de Cancún. 

A la redonda del Parque Madre Selva hay al menos 10 sascaberas ilegales y otros proyectos que han ocasionado desmontes. Foto: Ricardo Hernández.

El dato total de desmontes por asentamientos irregulares, reconoce Sofía Gómez, expresidente del Colegio de Biólogos de Quintana Roo, se desconoce. “Que no haya esos datos es un hueco de información enorme y es muy importante para poder tomar decisiones con las cuales poder diseñar políticas públicas”, dice. 

Lo que tampoco se sabe con datos duros es el grado de contaminación a los ríos subterráneos, pues, ante la falta de servicios públicos y de otras opciones, la mayoría de familias en asentamientos irregulares cava hoyos para desechar las aguas negras. Todo el volumen de aguas residuales de las 250 mil personas que viven en estos sitios va a parar al Gran Acuífero Maya, uno de los más grandes del planeta —de 165 mil kilómetros cuadrados—, que se extiende hasta Guatemala y Belice.

El problema está reconocido en el Programa Metropolitano de Cancún-Isla Mujeres: “Uno de los principales problemas ambientales se asocia a la expansión del área urbana de Cancún, lo que incrementa la presión sobre los recursos naturales de agua y suelo. Una de esas presiones son los asentamientos irregulares”, se lee en el documento en el que se cita el caso de la colonia Chiapaneca, que se encuentra sobre terrenos bajo una política de restauración. Y donde se hallan zonas de captación de agua pluvial y los pozos de los que se extrae el agua que se consume en toda la ciudad.

A pesar de ser zonas no municipalizadas, es decir, que al ser ejidos no están bajo la administración del Ayuntamiento de Cancún, la empresa Red Ambiental, concesionaria de la recolección de basura en la ciudad, recorre 204 de las colonias irregulares, de acuerdo con datos internos a los que accedió Jaltun. Sin embargo, la Colonia Chiapaneca no está entre ellas. En la justificación del por qué no brindan el servicio allí se lee: “Los caminos no son aptos para la circulación de unidades”.

En toda la zona se acumula basura de los vecinos y también desechos que los volqueteros depositan ahí de forma ilegal. Foto: Ricardo Hernández.

La mayoría de los colonos junta la basura en el traspatio para luego quemarla o la desecha en los basureros clandestinos que se han formado en la zona, como documenta el mismo Alejandro. Tan solo alrededor de su terreno ha identificado y denunciado ante la Profepa cuatro tiraderos de gran tamaño. “Hay de todo en estos basureros, desde residuos de la gente que vive acá, pero también basura de restaurantes de la zona hotelera, material de construcción y hasta carros o autopartes que vienen a tirar aquí. Son volqueteros que, en lugar de hacer todo el viaje al basurero municipal y gastar en ir hasta allá, lo tiran aquí”, dice Rivera.

Asimismo, Alejandro identifica que desde el anuncio del Tren Maya han proliferado las minas clandestinas de material pétreo. En los últimos meses ha ubicado al menos 10 bancos de extracción que reportó a la autoridad competente. A poca distancia de las hectáreas que habita también ha encontrado deforestaciones e incendios forestales con miras a despejar el área para darle paso a lo que supone serán desarrollos inmobiliarios.

La regularización, un proceso lento

En 2021, Samuel Mollinedo, regidor presidente de la comisión de Desarrollo Urbano y Movilidad de Cancún, puso en marcha el Programa de Regularización para el Bienestar Patrimonial y arrancó con la municipalización de cinco colonias que se encontraban dentro del perímetro urbano de la ciudad. 

Después de cuatro años, el número aumentó a 12 colonias formalizadas, donde han entregado o están por entregar alrededor de 2 mil títulos de propiedad a las personas que ahí habitan. 

Lo que pasó es que en el sexenio de Mario Villanueva (1993-1999) se expropiaron 200 hectáreas del ejido Isla Mujeres (superficie que pasó a ser parte del municipio de Cancún), se individualizaron entre los ejidatarios, de a 3 o 4 hectáreas a cada uno. Villanueva les prometió regularizarlos pero eso nunca pasó. Se fueron invadiendo, fraccionando y desarrollando; se fueron formando estos asentamientos humanos irregulares.”, dice Mollinedo. 

A finales del año pasado se creó también el Instituto de Regularización para el Bienestar Patrimonial de Cancún, un organismo público descentralizado con un presupuesto de 7 millones de pesos para 2025 y que tiene por encomienda regularizar otras 70 colonias que se encuentran dentro del perímetro considerado en el Programa de Desarrollo Urbano. Vale resaltar que el monto para este nuevo organismo no llega ni al 1% del presupuesto total anual del Municipio.

Hay que decir que este Instituto solo está facultado para formalizar las colonias irregulares dentro del perímetro urbano contemplado en el Plan Municipal de Desarrollo. Lo que quiere decir que deja fuera las 40 colonias dentro del ejido Alfredo V. Bonfil, bajo el argumento de que es la Federación, específicamente el Instituto Nacional de Suelo Sustentable (Insus), el facultado para intervenir en los asentamientos informales dentro de los ejidos.

En 2022 el Ayuntamiento de Cancún firmó un convenio con el Insus, para regularizar 15 asentamientos irregulares en el ejido Alfredo V. Bonfil. Sin embargo, no se ha tenido éxito en ninguno de ellos.

Jaltun