Una cooperativa de mujeres que resiste al machismo a la sombra del ramón

Una cooperativa de mujeres que resiste al machismo a la sombra del ramón

Publicado 23 septiembre, 2025

En el ejido Nuevo Becal, en Calakmul, Campeche, un grupo de 15 mujeres desafía la exclusión de un sistema hipermasculinizado mediante la organización colectiva para la producción de harina, té y otros derivados de las semillas y las hojas del árbol del ramón. La cooperativa “Mujeres de Nuevo Becal” se posiciona venciendo prejuicios y cuestionamientos típicos del sistema patriarcal.

En el ejido Nuevo Becal, en Campeche, un grupo de 15 mujeres desafía al machismo de su comunidad. Entre la resistencia de esposos inconformes, y los señalamientos de vecinos que consideraban “locas” a quienes querían organizarse, conformaron la cooperativa “Mujeres de Nuevo Becal” y hoy construyen un presente y futuro a partir de la producción y venta de productos elaborados artesanalmente con semillas y hojas del árbol del ramón (Brosimum alicastrum).

Todo comenzó en 2019, cuando el ejido Nuevo Becal, destacado por su abundante riqueza natural y sus esfuerzos de aprovechamiento y conservación de la selva, se planteó la idea de aprovechar el ramón para generar ingresos para la comunidad, ya que de su semilla comestible se produce una harina sin gluten y con alto valor proteínico.

Además, conservar la especie es valioso porque es un sumidero de carbono con gran capacidad para absorber contaminantes de la atmósfera y su forraje natural sirve de base alimenticia para la fauna, según ha documentado el Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY).

Los ejidatarios pensaron que era una buena idea que las mujeres del pueblo se hicieran cargo de ese proyecto. Sin embargo, aún no se contaba con suficiente conocimiento respecto a cómo darle un uso económico a la especie.

Mi padre desde pequeña me enseñó a comerlo: le decía ‘capomo’. Lo ponía a hervir, lo lavábamos y molíamos, como el nixtamal, y hacíamos una masa para preparar tortillas. Quedaba muy sabrosa, yo me comía solo las bolitas cocidas. Pero no sabíamos qué podíamos hacer con las hojas o cómo transformar la semilla en harina”, cuenta María del Carmen Coronel, integrante de la cooperativa, en diálogo con Jaltun

Los recuerdos de la infancia despertaron el interés de María en el proyecto propuesto. Comenzó a convencer a sus compañeras para organizarse: se hicieron capacitaciones y las mujeres también tomaron parte de las reuniones ejidales para conocer los lineamientos de los proyectos forestales no maderables en la comunidad. No fue sencillo: en la comunidad prevalecían las ideas machistas con respecto a las tareas de las mujeres

Cuando empezamos éramos muchísimas señoras, todas querían participar. Cuando vieron que eran muchas reuniones a las que asistir, mucho tiempo invertido, los esposos se enojaban y no querían: las regañaban. Y así se fueron saliendo. Fue una lucha incansable invitándolas. A veces decían que ya no querían, que ya no las dejaban”, dice María.

Cuando Coronel se enteró que algunos hombres prohibían que las mujeres participen en la iniciativa, habló con ellos para abrirles los ojos. Les explicó que el proyecto generaría ingresos extra para los hogares y que se trataba de una actividad de provecho para toda la comunidad. A las mujeres les dijo que podían desempeñar varios papeles en la vida, y no exclusivamente quedarse en casa atendiendo a la familia

Ha sido muy difícil, la mera verdad, porque a veces querían estar aquí, pero no podían porque sus maridos no las dejaban. A mí personalmente me sirvió mucho. Hasta me quedé sin marido, pero decidí salir. Fue como romper un hierro que me tenía encerrada”, afirma María. 

También hubo que luchar contra estereotipos que están muy arraigados en la comunidad. “Había personas que nos veían y decían que estábamos locas. Pero muchos también lo ven bien, vamos caminando poco a poco. A veces sí se avanza, a veces como que te quedas y ahí vamos”, agrega. 

Finalmente 17 mujeres decidieron apostar por el proyecto y en 2020 constituyeron formalmente la cooperativa, a la cual el ejido le asignó 5 mil de las 10 mil hectáreas destinadas al aprovechamiento forestal no maderable. María fungió como la primera presidenta de la organización y atestiguó el camino de aprendizaje de las integrantes. 

Al principio no sabíamos manejar la semilla. Íbamos al monte, recolectábamos, lavábamos y como nos dijeron que solo teníamos que secarla en arpilla, lo hicimos. Perdimos dos toneladas y media de producto”, recuerda, entre risas. 

Sin embargo, poco a poco fueron aprendiendo los métodos para procesar las semillas y hojas de ramón. Comenzaron a producir harina, té y un sustituto natural del café. El trabajo colectivo les permitió ganar confianza y autonomía.

Olvidarnos un rato de la casa, de los hijos, de todo, y venir a sacar este trabajo, nos hace sentir que sí podemos. Cuando veo el producto envasado digo: ‘Lo logramos’”, comenta Petronila López, la actual presidenta de la cooperativa. 

Conforme mejoraron sus técnicas, también notaron que el terreno que les asignaron no era el mejor para la actividad: les quedaba muy lejos y, como la zona es baja y el ramón crece en terrenos altos, no encontraban tanta semilla. Aunado a esto, tuvieron que sortear otros obstáculos relacionados con el cambio climático: hace dos años no pudieron recoger semillas de ramón porque la sequía, seguida por una temporada de lluvias fuertes, provocó que hubiera muy pocas. 

Lo reportaron a los ejidatarios, quienes resolvieron aumentar el número de hectáreas otorgadas al proyecto. Este cambio fue incluido en la propuesta de nuevo Programa de Manejo Forestal del ejido, presentada a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) en diciembre de 2024. En Nuevo Becal siguen esperando la respuesta de la dependencia

En la actualidad, las integrantes de la cooperativa venden sus productos en una tienda localizada en el ejido de Conhuas y también acuden a tianguis y ferias de emprendimiento. Han conseguido apoyo de diversas organizaciones nacionales e internacionales para capacitarse y disponer de herramientas de trabajo. Y quieren hacer que su proyecto genere una entrada fija de dinero para las 15 mujeres que trabajan en la iniciativa.

Aunque sus productos aún tienen un mercado limitado, las mujeres de la cooperativa miran hacia el futuro con metas claras a alcanzar: ampliar la producción con galletas, panes y horchatas de ramón y, en paralelo, consolidar un punto de venta fijo

Más allá de las ventas, entre sus logros está haber demostrado que, en una comunidad donde las mujeres parecían destinadas al ámbito doméstico, se puede llevar adelante un trabajo colectivo ocupando las tierras de uso común.

Antes no había esa libertad de sentirme que tengo voz de mando. Somos un grupo, queremos alentar a otras señoras a salir de sus casas, porque a veces hay mucho machismo y ellas no pueden salir de la casa. De alguna forma nosotras hemos ido saliendo de esa idea de que la mujer es la esposa que debe estar dentro de la casa, con la comida y la bebida, y nomás ahí. Esto es algo que tienes para salir adelante por tí misma”, concluye María.

Jaltun