La escasez de agua en Calakmul: un drama que se agudiza con el paso de los gobiernos

La escasez de agua en Calakmul: un drama que se agudiza con el paso de los gobiernos

Publicado 29 octubre, 2025

Durante su sexenio, López Obrador prometió que resolvería el problema de la falta de agua en ese municipio con la construcción de un acueducto. Promovió la obra como moneda de cambio para blindar el paso del Tren Maya. El proyecto hídrico fue inaugurado en 2024 sin terminar la obra. Desde entonces, el acueducto no ha hecho más que presentar fugas continuas, roturas y falta de caudal. La población de Calakmul sólo logra hacerse del agua recolectando lluvias y contratando pipas.

La lluvia cae con fuerza en Xpujil, la cabecera municipal de Calakmul, en Campeche. No ha dado tregua en días, pero nadie se queja. En cada casa hay al menos una cisterna, un par de tinacos y extravagantes instalaciones de tubos de PVC que desembocan en una veintena de garrafas y cubetas. Todas, encargadas de recolectar cada gota que se pueda. 

La lluvia es el único medio que puede garantizar agua a la población de Calakmul. Pese a que el expresidente Andrés Manuel López Obrador se comprometió a solucionar la escasez de agua con la costosa construcción del Acueducto “Adolfo López Mateos-Xpujil” como moneda de cambio por el Tren Maya, lo cierto es que a la fecha las comunidades siguen cargando bidones y contratando el servicio de pipas

Una escena cotidiana en Calakmul: recipientes colocados en el exterior de las casas para recolectar agua. Foto: Lilia Balam.

Vivir sin agua

Sufrimos mucho por el agua”, afirma Mónica*, del ejido La Lucha, en Calakmul. En algún momento de su juventud, en los años 80, recolectó el agua que tiraban las pipas en zanjas a un lado de la carretera. Varias veces vio a su mamá depositar el líquido en una cubeta y esperar a que la tierra se asentara en el fondo para después beberla. No les quedaba de otra.

Fue hasta que construyeron el aljibe del ejido que la situación cambió un poco. Alrededor del 2000, la familia de Mónica pudo erigir una cisterna con el apoyo de la organización Fondo para la Paz. Con eso ya no tuvieron que acarrear agua, aunque solo contaban con 200 litros cada tres días. En la época de lluvias el aprovisionamiento hídrico parecía no ser un problema, pero en los momentos de sequía hacerse de agua resultaba un suplicio: debía racionarse cada gota del líquido. 

En 2010, las autoridades instalaron tuberías con la promesa de que la comunidad recibiría agua desde la localidad de Dos Lagunas. “Fue una alegría”, cuenta Mónica a Jaltun. Sin embargo, solo se recibió agua del grifo dos o tres veces en un año. En 2020, el agua comenzó a llegar desde Santa Rosa previo pago de una tarifa de 50 pesos por servicio. La comunidad dejó de cubrir ese monto en cuanto notó que el servicio apenas si les llegaba un par de veces al año.

Después de vivir toda una vida así, Mónica dice que hasta le da vértigo ver que personas en otras comunidades utilizan el chorro de agua para lavar trastes, ropa o sus manos. Siente que es mucho desperdicio, que se va a acabar…

Fabiola* creció cargando garrafas de agua. Tenía cinco años cuando llegó con su familia al poblado Heriberto Jara Corona y sus recuerdos de esa época incluyen los recorridos que hacía cada tres días para obtener agua del aljibe, un depósito techado ubicado en la entrada de la comunidad.

Nos daban 200 o 250 litros de agua por familia. Nosotros lo cargábamos en garrafas, que llevábamos en carretillas o enganchábamos en la bicicleta. Yo crecí ayudando a mi mamá a cargar en el aljibe el agua para beber o bañarnos. Y si por alguna razón no alcanzaba, íbamos por agua para la limpieza de la casa o para los animales o las plantas, al jagüey, que es un pozo a la intemperie. Esa era nuestra cotidianeidad”, relata a Jaltun

No vio una tubería hasta que cumplió 15 años, momentó en que se anunció la construcción de una red que llevaría el agua directamente a las casas de la comunidad a cambio de una cuota de 40 pesos mensuales. Eso ocurrió hace casi 20 años: los trabajos se hicieron, la gente pagó, pero el agua nunca llegó

Tuvieron que pasar varios años más para que la población por fin pudiera almacenar agua en sus casas: durante la gestión del gobierno municipal de 2009 a 2012 se puso en marcha un programa de financiamiento para la instalación de cisternas. El ayuntamiento pagó la mitad del captador y cada familia tuvo que cubrir la parte restante.

Desde entonces, las familias pudieron contratar servicios de pipas de agua, con un costo de 400 a 430 pesos si se trata de un camión del municipio y de más de mil pesos si el proveedor es una empresa privada. Pero en época de sequía ese flujo no es suficiente, aún cuando Fabiola y su familia se las ingenian para recolectar agua de lluvia o almacenar la poca que encuentran en aljibes y jagüeyes.

El agua como moneda de cambio

Cuando en diciembre de 2018 López Obrador anunció que el Tren Maya atravesaría Calakmul, no solo se encendieron alarmas por las afectaciones a la selva y las comunidades mayas: creció la preocupación en tanto se propuso apostar por el turismo masivo en una región donde la capacidad de los servicios ni siquiera alcanza para proveer a sus habitantes.

Fabiola participó en dos asambleas informativas del Tren Maya en 2019. Allí escuchó que entre las promesas del proyecto estaba la de atraer a más turistas a la zona. En los foros, varias personas cuestionaron qué pasaría con el servicio del agua, escasa incluso en un contexto de densidad poblacional baja. Enseguida, la gente comenzó a organizarse para manifestar su descontento ante la obra. En ese escenario, agrupaciones como el Consejo Regional Indígena y Popular de Xpujil (CRIPX) presentaron amparos para intentar detener al proyecto ferroviario

Entonces para que la población aceptara el Tren Maya, la moneda de cambio fue el agua. Y para traernos agua, se propuso el proyecto del acueducto”, explica Fabiola. En noviembre de 2019, López Obrador anunció al pueblo de Xpujil la construcción de “un acueducto de buen tamaño que resuelva el problema del agua”. El mandatario agregó: “Es mi compromiso, es mi palabra que queda empeñada”.

En 2019, el entonces presidente López Obrador prometió llevar agua a la población de Calakmul. Foto: Presidencia de México.

En un inicio se le atribuyó el proyecto a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y al Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), y se dijo que el agua sería transportada desde el río Candelaria. Pero para noviembre de 2021 los planes se modificaron y el proyecto fue asignado a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). Pronto se corrió la voz de que el agua se extraería de la localidad Centenario en el municipio de Escárcega, fuente ya explotada para alimentar al acueducto López Mateos, operativo desde 1996. 

Las obras iniciaron en diciembre de ese mismo 2021. Se prometió que serían 96 kilómetros de tubería de poliéster revestido de fibra de vidrio, y además se construirían cinco tanques de almacenamiento de agua —que a su vez funcionarían como cárcamos de rebombeo—, un tanque de almacenamiento para distribución, dos pozos nuevos, la rehabilitación de tres pozos existentes, y la instalación de un sistema de telemetría para la automatización y monitoreo de la obra.

El proyecto llevaría agua a 230 litros por segundo a 22 comunidades: Kilómetro 120, Emiliano Zapata, Puebla de Morelia, Felipe Ángeles II, Eugenio Echeverría Castellót, San Luis, Chichonal, Chicana, Becán, Valentín Gómez Farías, Heriberto Jara, Zoh Laguna, Conhuas, Nuevo Campanario, La lucha, Ricardo Payro, Manuel Castilla Brito, Centauros del Norte, La Guadalupe, Eugenio Echeverría Castellót 2, El Manantial e Xpujil, además de surtir a la estación del Tren Maya y al hotel Tren Maya en Calakmul. 

La promesa incumplida

Al principio la gente estaba contenta porque tenía trabajo, le pagaban bien. Pero de repente se destaparon los abusos: se atrasaban los pagos a los trabajadores, que empezaron a renunciar. Trajeron a gente de otros estados: les pintaban bonito el trabajo pero no lo era. Y en algún momento comenzaron las obras del tren. Y llegó más gente. Y empezó a escucharse que el acueducto no estaba saliendo bien”, recuerda Fabiola. 

Algunos extrabajadores afirmaron que se estaba empleando material de mala calidad y que los atrasos por la falta de personal provocaban que algunos insumos se dañaran por pasar demasiado tiempo expuestos a la intemperie. Además, la obra demandó gran parte del agua del territorio, ese factor, combinado con una temporada de sequía, hizo que el recurso hídrico escaseara más rápido de lo normal.

Se acabó el agua de las cisternas y los aljibes. Las personas que nos dimos cuenta y fuimos cuidadosos con el agua no lo sufrimos tanto, pero mucha gente se quedó sin agua. Hubo personas que ni se bañaban. Mi familia le tuvo que regalar cubetas de agua a personas en varias ocasiones porque no tenían nada”, cuenta Fabiola. 

El descontento aumentó cuando en comunidades como Heriberto Jara detectaron que pipas de la Sedena extraían agua de los aljibes para la construcción del Tren Maya y del acueducto. El ejido La Lucha sufrió algo similar: el ayuntamiento de Xpujil sacó agua del aljibe para surtir a la población de la cabecera municipal. 

Los comisarios estaban vendiendo el agua del aljibe a escondidas. Venía la pipa a las 3, 4 o 5 de la mañana, siempre en la madrugada. Las personas que tenemos cisternas no teníamos problema, pero había gente que no tenía y se quedaba sin agua. Entonces se volvió un problema. Tuvieron que ponerle un portón para que nadie entrara”, comenta Mónica. 

La respuesta comunitaria pasó por realizar manifestaciones y bloqueos que siempre concluían con la promesa de las autoridades de llenar los aljibes. Así llegó el 26 de enero de 2024, día en que fue inaugurada la obra del acueducto aunque no estaba terminada

Fue una fachada nada más. Trajeron cuadrillas de militares 10 días antes de que viniera el presidente. E hicieron cosas para disimular que el acueducto no estaba terminado. ‘Mete el tubo, échale arena, tápalo, haz como que quedó, que sirva para que bombeen un poquito de agua y listo, decían los militares a los trabajadores”, asegura Fabiola. 

Las tareas de construcción continuaron después de la inauguración para concluir la infraestructura. A veces bombeaban agua a algunos cárcamos, pero al menos en dos ocasiones se presentaron fugas grandes. “Había que volver a hacer todo el trabajo, por eso se tardaban mucho en volver a bombear agua”, agrega la vecina. 

Harto, un grupo de mujeres se organizó para recorrer los cárcamos desde Xpujil hasta Centenario con el fin de detectar cuáles estaban llenos. Además, se generaron protestas exigiendo el cumplimiento de la promesa de que el servicio llegaría a las casas de forma directa.

Tanque de distribución del acueducto Adolfo López Mateos-Xpujil. Foto: Lilia Balam.

A la fecha, en Heriberto Jara, Fabiola y su familia dependen de las lluvias, pipas, el aljibe y el jagüey para poder bañarse, limpiar, lavar y tomar agua. Con suerte, reciben agua bombeada algunas veces al año

En Becán, la población recibe agua vía tuberías cada 15 o 20 días y solo porque las y los vecinos se quejaron de los continuos problemas de funcionamiento del acueducto. Recientemente, autoridades municipales informaron a la comunidad que suspenderían el pago del servicio por un lapso de dos meses.

Pero, en todo caso, pagar no representa el principal problema para la población: la comunidad está dispuesta a abonar el servicio y lo único que exige es poder contar con el recurso en sus viviendas. Así lo reconocen Tomás Moreno y Pascual Mendoza, comisarios ejidal y municipal de Becán, respectivamente. “Cuando hay agua, hay alegría. Cuando no, hay bulla”, dice Moreno a Jaltun

En La Lucha definitivamente no saben qué pasó con el acueducto. El comisario ejidal, Manuel Martínez, afirma que nadie les ha brindado información. Ni siquiera María Ávalos, diputada del distrito de Calakmul, se ha pronunciado sobre el tema. “No pelea nada. Yo veo que pasan allá en el Congreso, aprueban otras cosas, pero del tema del agua, nada”, se lamenta el comisario.

Mientras, las y los pobladores siguen dependiendo de las cisternas, los tinacos y cualquier otro recipiente que permita almacenar agua. Racionarla es parte de la vida cotidiana de esa comunidad. 

En Xpujil la situación no es distinta. Según habitantes, tras la inauguración del acueducto, el agua llegó a las casas a lo largo de tres meses. Luego, el servicio comenzó a decaer y hoy transcurren hasta cinco días sin que salga agua de la llave. Muchas familias contratan pipas para rellenar sus cisternas.

Ya no tenemos derecho sobre el agua. Y creo que eso le corresponde a las autoridades, porque el agua es algo indispensable para toda la familia”, afirmó una persona habitante de la cabecera municipal.

Por otra parte, el agua bombeada también genera preocupación desde el punto de vista sanitario. Hace cuatro años, en La Lucha se presentó un brote de tifoidea entre diversos estudiantes de primaria. Y en Zoh Laguna es común que las personas presenten problemas en la piel como salpullido y granos. Tanto Martínez, actual comisariado ejidal de La Lucha, como Baltazar González, expresidente municipal de Calakmul y actual habitante de Zoh Laguna, sospechan que ambos eventos fueron provocados por la calidad deficiente del agua.

Sin agua no hay vida

Fabiola y Mónica consideran que el problema del agua jamás se va a solucionar. “Está muy difícil. Ya pasaron los seis años de López Obrador y él se echó el compromiso de traer el agua desde el río Candelaria y no pudo traerla ni en tubería. Decía que venía a solucionar lo del agua pero se fueron seis años en balde. A veces pienso que tal vez no hubo dinero para eso. O que la mala administración, y que no lo hicieron como debe ser, hizo que se les fuera el dinero y el tiempo. Y al final no hicieron nada”, dice Mónica.

Para Baltazar González, la solución estaría en que la población disponga de sistemas de captación de agua de lluvia. Sostiene que se debería promover una ley para que todas las construcciones cuenten con esa alternativa. Justo sobre ese eje viene trabajando la organización Fondo para la Paz: desde 2011 ha impulsado la implementación y el mantenimiento de sistemas de captación de agua de lluvia en comunidades de Calakmul.

Esta opción también responde a que, en tanto el agua de la región es “dura” —esto es, muy cargada de sedimentos a partir de la elevada presencia de minerales—, el líquido que cae con las precipitaciones se presenta como una opción de mejor calidad para los hogares.

En opinión de Marla Guerrero, coordinadora estatal de Fondo Para la Paz, apostar por los sistemas de captación comunitarios permite afrontar de mejor forma sequías cada vez más potentes. Además, se otorga a las comunidades la posibilidad de que gestionen y administren el recurso de manera autónoma.

A finales del mes de septiembre, Layda Sansores, gobernadora de Campeche, anunció en un video que se construirá una red de distribución que complementará el acueducto. Declaró que la licitación quedó en poder de empresarios campechanos, pero no dijo nada acerca de los montos que se invertirán o los plazos para la realización y la conclusión de las obras

Todas las personas oriundas de Calakmul entrevistadas para este reportaje exhortaron a las autoridades a resolver la problemática del agua de manera urgente. Martínez apuntó:. “Que hagan sus trabajos y se enfoquen en el agua. Es el punto más importante porque sin agua no hay vida”.

*Algunos nombres fueron cambiados por cuestiones de seguridad

Jaltun