Guardianes de manglares: comunidades indígenas tejen una red para restaurar ecosistemas y humedales

Guardianes de manglares: comunidades indígenas tejen una red para restaurar ecosistemas y humedales

Publicado 19 agosto, 2025

Doce colectivos y cooperativas de Yucatán, Campeche, Tabasco y Oaxaca se unieron en una iniciativa que busca proteger a los manglares de la depredación inmobiliaria y el avance de los megaproyectos. Una propuesta comunitaria que siembra esperanza en un contexto de políticas que estimulan el extractivismo.

La carretera que une a Isla Arena —Calkiní, en Campeche— con tierra firme fue construida durante la década de 1990. Pero fue mal diseñada: tapó el flujo natural del agua en una zona de 3 mil 700 hectáreas de manglares y la vegetación murió poco a poco. La población, que se mantenía de la pesca, comenzó a vislumbrar malas señales: reducción de las poblaciones de peces y alejamiento de aves marinas. 

Cuando en 2005 surgió la cooperativa Servicios Ecoturísticos Carey de Isla Arena, las y los socios fundadores tuvieron en mente hacer turismo comunitario como una actividad adicional a la pesca, principalmente la sobreexplotada. También pensaron el proyecto como una posibilidad de participación de las mujeres en las actividades de mar y, en paralelo, rendir honores a las tortugas de carey que cada año acuden a depositar sus huevos en la zona de playas donde opera el colectivo. 

En 2007 iniciaron la restauración de manglares. Aunque comenzaron con el método de ensayo y error, el trabajo rindió frutos: el cementerio de manglares pasó a ser zona de reproducción de especies como el camarón, el sábalo, el robalo, la jaiba y la corvina. Además, en el sitio también comenzaron a anidar flamencos, cormoranes y tordos. Del silencio de otro tiempo se pasó al canto de aves marinas que ya se daban por perdidas. 

A la fecha, las brigadas han restaurado al menos 200 hectáreas de manglar. También implementaron actividades productivas respetuosas con la vegetación y la fauna para, de esa forma, sostener los trabajos de la cooperativa. Entre ellas, visitas guiadas a la zona de restauración, la apicultura de mangle, y la observación de luciérnagas y bioluminiscencia, explicó, en entrevista con Jaltun, Israel Molas, integrante de la cooperativa.

Una situación similar atravesó la población de Sabancuy, en el municipio de Carmen, también en Campeche. Allí, 5 mil hectáreas de manglares resultaron afectadas por los cambios de salinidad que, hace medio siglo, generó la apertura de un canal y la construcción de carreteras que taparon las salidas al mar. Ante esa situación, el ejido también decidió restaurar la vegetación.

El colectivo ha logrado recuperar 174 hectáreas pero el camino no ha sido sencillo. Por ejemplo, abrir espacios de participación a las mujeres en un ámbito socialmente relacionado al trabajo masculino fue complicado en el pueblo. “Antes se pensaba que nada más los hombres tenían ese derecho, ese privilegio. Afortunadamente, hoy en día tanto cooperativas como ejidos hemos tenido la oportunidad de que algunas mujeres estén al frente con toda la responsabilidad y compromiso”, comentó Hilaria Acosta, comisaria del ejido de Sabancuy.

En 2022 ambas agrupaciones, junto con otros colectivos comunitarios encargados de restaurar manglares en Yucatán, Tabasco y Oaxaca, tomaron parte del Segundo Congreso de Manglares de América. En ese espacio, las agrupaciones dieron cuenta de las problemáticas que han enfrentado a partir de la destrucción de los ecosistemas y las soluciones que fueron desarrollando con el correr del tiempo.

Como resultado, emitieron la  Declaratoria de Comunidades Guardianas del Manglar donde, en 11 puntos, detallaron cómo la expansión inmobiliaria desmedida, la privatización ilegal de terrenos de manglar, las concesiones de negocios otorgadas dentro de Áreas Naturales Protegidas (ANP) y la contaminación y el cambio climático deterioran gravemente el ecosistema costero. También exigieron que se reconozca la importancia de las comunidades en el cuidado y la protección de los manglares

Los cuatro jinetes: corrupción, megaproyectos, contaminación y cambio climático

Actualmente, entre las principales amenazas de los manglares se cuentan la expansión de la mancha urbana y el desarrollo de infraestructura hotelera y de vías de comunicación. Todo esto, sin un diseño que evite talar el mangle o alterar la dinámica hidrológica que lo sostiene, como afirma Luis Ávila, especialista en ecología tropical de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de la Unidad Sisal.

Los megaproyectos también afectan los ecosistemas y repercuten en lo social. Por ejemplo, a raíz de la construcción de una estación del Tren Maya en Calkiní se detectaron cambios en las dinámicas comunitarias y económicas de la zona. 

Nunca imaginamos que íbamos a tener una estación del Tren Maya cerca y eso iba a hacer que nos empiecen a invadir las inmobiliarias. Ahora ya se escucha que se están promoviendo terrenos en el municipio, haciendo referencia a nuestra comunidad de Isla Arena. Es preocupante y tenemos que prepararnos para la defensa de nuestros territorios. Las inmobiliarias nos agarraron desprevenidos. Cuando nos dimos cuenta ya los teníamos encima y no sabemos cómo defendernos”, reconoció Maas. 

Otro peligro para el mangle es la contaminación por pesticidas derivados de la producción agrícola y los residuos sólidos. La contaminación de los manglares también puede repercutir de forma directa en la contaminación de los peces de consumo humano. Ávila, de la UNAM, afirma que se han dado casos de esa índole en Celestún, en el poniente de Yucatán.

El cambio climático es otro factor que impacta de manera grave en la vegetación. El año anterior, el paso del huracán Milton dañó el 80 por ciento del área de restauración de Isla Arena. Por estos días, la cooperativa trabaja para reparar las zonas afectadas. “Fue un golpe duro para nosotros porque fue un esfuerzo de 2 años y básicamente se perdió casi todo el trabajo”, expresó Maas. 

Por su parte, Claudia Teutli, bióloga de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) de la UNAM, comentó: “La pérdida de la cobertura forestal hace que tengamos más problemas con inundaciones, así como también zonas donde ya no llega el agua y se están secando. Aunado a esto, hay pérdida de biodiversidad a partir del desplazamiento de aves y de mamíferos como el jaguar y el venado, entre otras especies”.

La cooperativa Carey advierte sobre las inmobiliarias que buscan instalarse en Isla Arena. Foto: Lilia Balam.

Proteger un bien público y común

La Declaratoria generó que los colectivos comenzaran a trabajar mano a mano y en 2024, a sugerencia del equipo del Programa de Pequeñas Donaciones (PPD), conformaron la Red de Comunidades Restauradoras del Manglar para que pudieran fortalecer sus acciones e intercambiar conocimientos, los colectivos no dudaron en concretarla. 

Se capacitaron en organización y gobernanza, técnicas de restauración, procesos y vías de denuncia ambiental, actividades productivas sostenibles asociadas al mangle, integraron a nuevos grupos que no participaron en la Declaratoria para fortalecerse como red y también profundizaron en los derechos de tenencia de la tierra, pues identificaron que uno de los principales obstáculos de las comunidades guardianas del manglar es el legal.

No siempre existe certeza jurídica que garantice, por un lado, que las labores de restauración y protección pueden llevarse a cabo en esas zonas, y por otro, que vayan a poder mantenerse en el tiempo.

Esto genera desconfianza en los colectivos y el temor a que cualquier día llegue un empresario y, como explicó Hilaria, haciendo referencia a casos en la costa de Quintana Roo, “por su dinero haya flexibilidad de parte de los gobiernos en darles oportunidades para hacer un desarrollo turístico que afectará a nuestro ecosistema”.

Necesitamos que al menos se reconozca la labor o nos den un documento donde se avale que es un territorio que pertenece a la comunidad. Y que a partir de eso quede como un área de restauración y aprovechamiento de turismo comunitario para que se blinde ante megaproyectos e inmobiliarias”, apuntó Molas.

Y es que el trabajo de cuidado y protección de los manglares no sería posible sin la participación activa de las comunidades indígenas, que son quienes habitan el territorio y desarrollan una relación íntima en ese ecosistema, pero sobre todo, se encargan de restaurar un bien público, un bien común.

Las comunidades saben que los manglares proveen múltiples servicios ambientales: protegen la línea de la costa del viento y el agua, disipan la energía del oleaje durante los huracanes, y anulan la erosión al estabilizar los sedimento con sus raíces.

Además, esta vegetación es capaz de capturar y almacenar grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera. De ahí su relevancia para reducir gases de efecto invernadero, causantes directos del cambio climático.

Desde el punto de vista de la biodiversidad, los manglares generan corredores biológicos determinantes para la proliferación de otro tipo de flora y fauna. Según Ávila, el 50 por ciento de las especies de interés pesquero habita los manglares en alguna de sus etapas de vida. A la par, las flores del mangle pueden ser aprovechadas en el ámbito de la apicultura. Y esa misma vegetación es una fuente de carbón de excelente calidad. El manglar, entonces, también provee medios de vida importantes para los pueblos.

Para el especialista de la UNAM, la estrategia de conservación más efectiva es la educación: en primer nivel, explicar la relevancia del ecosistema para la supervivencia de las especies en general. 

No es solamente que coexistimos, sino que hay un nivel de interdependencia muy grande. Nosotros nos beneficiamos a partir de cómo el manglar limpia la atmósfera y produce oxígeno. Además, favorece el alimento que nosotros consumimos; provee un montonal de bienes y servicios que utilizamos como la miel, la madera y el carbón”, explicó.

En segundo nivel establecer estrategias de conservación y recuperación de los manglares deteriorados mediante acciones como el restablecimiento de regímenes hídricos, y el combate a la contaminación, la tala indiscriminada y la sobrepesca.

Para Teutli, la medida que evitaría la pérdida de manglar es “sencilla pero al mismo tiempo complicada” y consistiría en cumplir con las normativas vigentes en materia ambiental.

En la actualidad, la convención Ramsar protege a los humedales a escala internacional mientras que, ya a nivel estatal y federal, se han creado reservas de la biosfera como la de Los Petenes en Campeche, Sian Ka’an en Quintana Roo, y Río Lagartos y Celestún en Yucatán. Además, la Norma Oficial Mexicana (NOM) 022 establece especificaciones para la preservación, conservación, aprovechamiento sustentable y restauración de los manglares. Pero las y los especialistas consideran que este tejido de acuerdos y regulaciones es de mínima o nula aplicación en buena parte de los territorios.

Si bien el Sistema de Monitoreo de Manglares de México (SMMM), de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), afirma que la península de Yucatán pasó de tener 417 mil 19 hectáreas de manglar en 2010 a 544 mil 169 hectáreas en 2020, la organización Oceana señala que, en promedio, México pierde 10 mil hectáreas de esa vegetación al año.

Integrantes de la Red de Comunidades Restauradoras de Manglar revisan la labor de Las Chelemeras en Progreso, Yucatán. Foto: Lilia Balam.

De la organización a la acción

Dado el escenario dramático que atraviesan los ecosistemas, la Red se encuentra por demás de activa y sigue incrementando sus esfuerzos en términos de defensa ambiental. De ahí que ya se vinculó con la Comisión Nacional Forestal (Conafor) para establecer un diálogo con respecto a los puntos establecidos en la Declaratoria.

También algunos colectivos que integran la organización han formado parte de foros: el ejido de Sabancuy, por ejemplo, recientemente participó en mesas de trabajo con legisladoras y legisladores, personal académico y de dependencias gubernamentales, para exponer la situación de los manglares y las acciones de restauración que realiza.

El llamado a las autoridades consiste en que se enfoquen en la realidad que se está viviendo en el país y que en cada comunidad costera se reconozca y respalde el trabajo de recuperación del mangle que se viene llevando a cabo. Para las y los integrantes de la red, lo ideal sería que, tanto las autoridades como la ciudadanía en general, apoyen a quienes actúan como guardianes de estos ecosistemas. Y se blinden las zonas de restauración para evitar que caigan en manos de empresarios o sucumban ante los megaproyectos. 

Tenemos esperanza en esta Red de restauradoras y restauradores y pienso que esto va por buen camino. Tenemos gente, la verdad, con mucha experiencia en el trabajo y experiencia en los procesos. Hay compañerismo entre todos y todas, y creo que en muy poco tiempo se van a lograr muchas muchas cosas en la red”, concluyó Israel Molas.

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